Holi!
Hoy les voy a contar sobre un lugar en el Estado de México, en Jilotzingo. Se llama Peña de Lobos.
Se dice que es un lugar muy encantado, en donde puedes ver fantasmas y espectros y criaturas pequeñas del bosque, parecidas a las hadas o a los chanekes. Encontré esta leyenda en su pagina de internet, que habla sobre el pueblo, para que tengamos más contexto.
Esta leyenda como la escuché de labios de mi abuela comienza a finales de 1800, cuando la montaña de San Pablo era una tierra que se encontraba en disputa entre dos poblaciones: Santiago Tlazala y Santa Ana Jilotzingo.Como suele suceder en estos casos las peleas por la posesión de este paraje habían llegado al extremo de batallas campales y asesinatos, hasta que un nuevo presidente municipal decidió terminar con la querella dividiendo el monte a la mitad; con esta decisión nació un pequeño caserío en la cumbre del cerro, hecho por personas pertenecientes a ambos poblados que, deseando vigilar sus intereses y explotar su parte en los bosques, empezaron a construir hasta convertirse en una pequeña Villa.
Con el paso del tiempo y debido en parte a los misteriosos sucesos que acaecían en el monte a los nuevos pobladores, como desapariciones inexplicables, cambios imposibles en la geografía y el paisaje en fechas y horas determinadas, raros personajes vestidos con túnicas blancas que se veían merodear cerca de las entradas de las cuevas, sonidos extraños que surgían de las entrañas de la tierra provenientes de las innumerables cavernas que se dice cruzan la montaña, y en parte también a que a que los pueblos más cercanos quedaban a horas de camino, decidieron edificar una iglesia, para la cual mandaron forjar en la ciudad de México una gran campana de bronce de la que estaban muy orgullosos.
Cuando el Templo estuvo terminado empezaron a surgir las disputas nuevamente por que no lograban ponerse de acuerdo en el santo a quien éste estaría encomendado, la gente de Santiago decía que a san Pedro, los de Santa Ana preferían a San Pablo, y siendo gente rústica y apasionada de sus creencias la situación se enardeció hasta llegar a grados insostenibles, hubo peleas, heridos y hasta muertos.
Contaban los ancianos del Pueblo que fue castigo divino que el día que colocaron la campana la tierra molesta por tanta sangre derramada se sacudió, abriéndose una enorme grieta en la cumbre del cerro que se devoró literalmente la mayor parte de la villa junto con la hermosa iglesia y su campana de bronce recién colocada.
Murió mucha gente en este desastre, y los que quedaron vivos regresaron a sus respectivas poblaciones, sin embargo desde aquel día los hechos extraños se intensificaron.
Decían las anécdotas de leñadores, pastores y vaqueros a quienes por sus labores sorprendía la noche en las boscosas laderas de la montaña, que había ocasiones en que llegaban desde la cumbre voces misteriosas, murmullos de oraciones, lamentos y gritos que rompían el silencio, y otras veces como si los muertos estuvieran de fiesta, se escuchaba, música, risas y bullicio, acompañando el misterioso tañer de una campana, además, extrañas luces fantasmales danzaban en la cumbre. Algunos de ellos, los más valientes, pensando que quizás se trataba de alguna invasión a sus tierras e intereses, se aventuraron a llegar hasta la cima y juraban haber encontrado el pueblo en pie, a sus moradores aparentemente vivos y manifestando una gran hospitalidad, al grado de invitarles a pasar la noche en la villa y pobre del desdichado que aceptara la invitación porque después de quedarse dormido en el petate de alguna casa, despertaba empapado en rocío y casi muerto de frío en medio de las rocas y ruinas del poblado destruido.
La Leyenda fue creciendo al paso del tiempo y no pasaba de ser una conseja de ancianos campesinos, hasta que hace aproximadamente 26 años un grupo de 30 Scouts, jovencitos y jovencitas, con sus respectivos coordinadores se perdieron en las laberínticas cañadas de las faldas de San Pablo buscando las cascadas; al ser sorprendidos por la noche decidieron instalar un improvisado campamento y esperar la llegada de la mañana para tratar de encontrar el camino de regreso. Uno de los chicos al buscar leña para su fogata subió más que los demás las laderas de la montaña y se sorprendió de escuchar voces y risas como las de una fiesta provenientes de la cumbre , dio aviso a sus compañeros quienes pensando encontrar un caserío comenzaron a subir sin imaginar que tardarían más de cuatro horas en llegar a la cima, cuando totalmente agotados lo lograron fueron recibidos con grandes muestras de hospitalidad por las personas del poblado , el cual según comentaron después, estaba sumido en una especie de bruma luminosa; les dieron de cenar, les ofrecieron un lugar donde dormir, una especie de granero enorme lleno de pacas de paca y costales de maíz, y después de mostrarles orgullosos su maravillosa iglesia y su campana de bronce los instaron a irse a dormir lo cual hicieron todos casi de inmediato debido al terrible cansancio y somnolencia que les invadió al llegar al poblado.
Ya en la madrugada con los primeros trinos de la alondra se despertaron los primeros chicos, temblando de frió, con la ropa húmeda de rocío y aterrados de encontrarse en descampado, al despertar los demás, hubo crisis nerviosas, llanto y consternación hasta que un leñador les encontró y les llevó a la cabecera municipal donde contaron lo sucedido.
Desde luego autoridades y médicos atribuyeron su historia al cansancio y la histeria colectiva, solo los campesinos que conocían la leyenda les dieron crédito.
Sin embargo, cuando yo era niña mi abuela nos llevaba a mis primos y a mi hasta la loma, desde donde se domina El cerro de San Pablo, y donde en noches especiales del año podíamos escuchar el misterioso y profundo tañer de la campana, proveniente de algún lugar en las entrañas de la tierra.
Son innumerables las anécdotas de propios y extraños que la han visto en Peña de Lobos, algunas veces vagando por los valles plateados por la luna, entre las sombras de los bosques, junto a los arroyos y manantiales, pero principalmente en la orilla de la laguna donde gusta de sentarse en noches de luna llena y seducir a quien la observa lavándose las piernas o lanzándose a nadar desnuda a pesar de las bajas temperaturas; quien la ha contemplado asegura que no hay en ella nada de terrorífico, salvo en las contadas ocasiones en que algún aventurado galán ha osado acercarse demasiado y ha visto brillar sus ojos en la noche como dos brazas ardientes, quienes la han sorprendido lanzándose al agua juran que no vuelve a salir a la superficie, por lo que podríamos deducir que se trata de un espíritu elemental del agua, ondina o nereida como las llamaban los antiguos griegos.
Cuando la han visto vagando en la noche entre las cabañas y campamentos parece que sus pequeños pies no tocaran el piso, mientras su largo vestido blanco ondea con el viento y su negro cabello se agita al golpe de la brisa; no es extraño que muchos hombres se enamoren de ella por que a su belleza física hay que unir el hechizo de su voz, quien la ha escuchado cantar no puede resistir el impulso de seguir esa melodía que parece volar con el viento internándose cada vez más en las sombras de la cañada en la lejana oscuridad, atrayéndolos a un destino que hasta ahora nadie se atreve a descubrir.
Pero sin duda su más ferviente enamorado es Enrique Gonzáles el único afortunado que ha tenido un encuentro realmente cercano con ella.
Enrique es amigo de la familia, un joven con un carácter especial, un caballero, amante de la aventura lo que le ha llevado desde niño a recorrer las montañas y vagar por bosques que conoce a la perfección, ama la naturaleza, y a los animales, tiene algo de poeta y mucho de solitario. El vive en la Villa de Espíritu Santo y es gran camarada de mi hermano, quien desde hace muchos años es el encargado de cuidar Peña de Lobos, por lo que va a visitarle entre semana cuando el lugar se encuentra solo.
En cierta ocasión hace un par de años llegó al atardecer, iba acompañado de un amigo mayor que él de nombre Antonio, ya fallecido, estuvieron platicando hasta que oscureció, frente al fuego de la chimenea bebieron café, escucharon música, y entre canciones y conversación se hizo tarde . Una lluvia tupida del mes de agosto amenazaba no parar de caer en toda la noche, serían cerca de las doce cuando los visitantes se dispusieron a marcharse, en vista del pésimo tiempo y la hora mi hermano les invitó a quedarse, Él tenia que madrugar al otro día por lo que les dio las llaves de una de las cabañas y se fue a dormir. Ya en su cabaña ellos encendieron la chimenea y se depusieron a hacer lo propio, Enrique se quedó junto a la escalera y Antonio quien se acostó en el extremo opuesto junto a la ventana casi al instante empezó a roncar. Pasaron algunos minutos y Enrique que no podía conciliar el sueño escuchó de pronto unos fuertes golpes en la puerta, pensando que sería mi hermano y que ocurría algo saltó de la cama y gritó “Adelante!”, cuando ya bajaba las escaleras la puerta se abrió de golpe, una ráfaga fría de viento y lluvia invadió el ambiente cálido de la cabaña, en el umbral de la puerta se recortaba la alta figura de una mujer; era bellísima, esbelta, su largo cabello le caía más allá de la cintura , era rizado y espeso, el vestido blanco hasta los tobillos se pegaba a un cuerpo esbelto y flexible , se cubría además con una especie de manto finamente tejido, lo raro de su vestimenta hizo pensar al joven que venía de una fiesta o que pertenecía a un grupo de darketos o góticos, “Buenas Noches” saludó. Enrique la invitó a pasar.
-En que puedo servirle –dijo.
-Hace frió allá fuera, ¿como has estado? -parecía conocerle.
-Bien gracias, perdón ¿Te conozco?
-Yo te conozco desde que eras niño Enrique, y a Cristian también, soy amiga de los de Peña de Lobos.-él no recordaba haberla visto nunca, se sorprendió de que supiera su nombre.
-La verdad no te recuerdo.
-Siempre estoy contigo cuando caminas por la montaña.-sonrió ella.
Enrique empezó a pensar que estaba loca, pero era tan bella, ella pareció leerle el pensamiento.
-¿Me invitas algo de beber?-dijo.
-Solo tenemos café-respondió él.
Ella hizo un gesto de desagrado, se sentaron en el sofá.
-¿Vienes con alguien?
-No, estoy sola.
-¿Cómo llegaste?, ¿traes coche? No lo escuché.
Ella sonrió.
-No lo necesito-respondió.
Se hizo un largo silencio, ella sacó de entre su ropa un frasquito extraño, con un líquido verde espeso en su interior, lo ofreció a Enrique. El, desconfiado, lo rechazó. Ella volvió a sonreír y lo bebió de golpe. Después empezó a seducirlo.
El al principio mantuvo su distancia, temía que la chica fuera familiar o amiga de Cristian, mi hermano; pero ella insistía, toda su presencia era cautivadora y su extraño perfume lo llenaba todo, olía como a hierba húmeda , a tierra mojada, a lluvia, a bosque a flores y madera, a musgo y liquen, demasiado intenso, tanto que lo mareaba.
Después ya no se resistió, subieron al tapanco donde estaban las camas y empezaron a hacer el amor, ella se arrancó el vestido, su belleza y perfección eran únicas. Entonces se despertó Antonio, al ver a Enrique con una mujer tan hermosa se acercó y cometió la imperdonable indiscreción de tocar el hombro de la chica y decir:
-Preséntame a tu amiga.
Entonces se rompió el hechizo, ella se volvió con furia, lo tomó por el cuello con una mano y lo lanzó al otro extremo de la cabaña, donde el imprudente golpeó con violencia y rompió el cristal de la ventana, ella se cubrió rápidamente y Gritó:
-¡Pensé que estabas solo, Me Voy!
Enrique se levantó azorado y le dijo:
-Espera, lo siento, disculpa a mi amigo, no quiso molestarte, no te enojes, vámonos a otra cabaña.
Ella no lo escuchó, salió corriendo, si volverse atrás. El la siguió poniéndose la ropa, afuera seguía lloviendo, la niebla estaba espesa, la Dama de Blanco se perdió en la oscuridad, Enrique la buscó por todas partes, hasta que dándose por vencido volvió a la cabaña.
Al otro día muy temprano fue a ver a mi hermano y le ofreció mil disculpas por lo sucedido en la noche con su amiga, Cristian no sabía de quien hablaba.
-Anoche no vino nadie, ni llegó ningún coche con la lluvia. Lo soñaste. No tengo ninguna prima ni amiga con esa descripción.-le dijo.
En ese momento llegó Antonio, adolorido y sobándose el cuello.
-No, Cristian, esto no lo soñamos-y le mostró la marca encarnada que tenía en el cuello, la huella de una mano pequeña, una mano de mujer.
Desde entonces Enrique sueña con volver a verla, y hasta ahora no sabe si fue un súcubo, una bruja o un espíritu de la montaña.

