La llorona es una historia que me contaron por primera vez mis primos cuando era mucho más chiquita. Estoy segura de que existe y de hecho una vez yo creo que la escuché cerquita del maizal de casa de mi prima. Me dio mucho miedo porque dicen que si la escuchas así cerquita es porque está muy lejos y si la escuchas lejos es porque está muy cerquita y yo la escuché muy muy cerquita.
Se supone que es el fantasma de una señora que mató a sus hijos porque estaba enamorada de un señor que no los quería y que se la pasa secuestrando niños porque extraña a los suyos. Yo espero no volver a escucharla porque no quiero que me lleve.
Les dejo una versión de la historia que encontré en otro blog aqui y cuentenme al final que piensan en los comentarios!
Sin embargo, la felicidad de María se desvaneció cuando su amado, atraído por la vida de la ciudad, la abandonó por otra mujer. Desesperada y llena de dolor, María, en un arranque de locura, llevó a sus hijos al río. Allí, en un momento de desesperación, los ahogó en las aguas turbulentas. Al darse cuenta de lo que había hecho, su corazón se rompió en mil pedazos. Desde entonces, su espíritu errante comenzó a vagar por las orillas del río, llorando y lamentándose por la pérdida de sus pequeños.
Se dice que en las noches de luna llena, junto al río, se puede escuchar el lamento de La Llorona, un grito desgarrador que resuena en el aire: "¡Ay, mis hijos!" Los habitantes del pueblo advierten a los niños que no se acerquen al río al caer la noche, pues temen que La Llorona, en su desesperación, pueda confundirlos con sus propios hijos y llevarlos con ella a la eternidad.
A lo largo de los años, la leyenda de La Llorona ha perdurado, recordando a todos la fragilidad del amor y el dolor de la pérdida. Muchos han afirmado haberla visto, con su vestido blanco flotando en el aire y su rostro cubierto de lágrimas. La historia de María se ha convertido en un símbolo de advertencia, un recordatorio de que el amor puede ser tanto una bendición como una maldición.
Así, La Llorona sigue siendo un eco en la memoria colectiva, un susurro en la brisa nocturna que nos recuerda que, a veces, el amor puede llevarnos a los lugares más oscuros.
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